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Sputnik

Una solución

Los misiles americanos de los inicios de la Guerra Fría, cuando unos y otros empezaron a armarse de forma acelerada, eran relativamente pequeños y poco potentes. No necesitaban grandes cohetes porque sus científicos habían logrado miniaturizar la bomba atómica. Además, tenían aliados cerca de la Unión Soviética, como Gran Bretaña, Alemania o Turquía, y podían alcanzarla fácilmente desde allí.

Foto de las diferentes escalas de los cohetes

El segundo cohete desde la izquierda se encargó de lanzar al Sputnik-1. (Foto: NASA)

En cambio, los ingenios nucleares soviéticos eran pesados y muy grandes, y debían ser llevados a distancias enormes. Era necesario desarrollar un misil intercontinental.

Su diseño, no obstante, parecía una tarea complicada. Los motores más potentes hasta la fecha eran meras modificaciones del que fuera usado en la V-2 alemana. Para avanzar en ese camino, Korolev pidió ayuda al ingeniero Valentín Glushko quien, trabajando en los límites de la metalurgia de su país, diseñó un motor un poco mayor. Como aún era demasiado pequeño para el ICBM de Korolev (bautizado como "R-7 Semyorka"), no hubo más remedio que agrupar una buena cantidad de ellos en la base del misil.

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