
El equipo de Tikhonravov, encargado de diseñar el primer satélite soviético. (Foto: NASA)
Para entonces, Wernher von Braun había presentado en Estados Unidos su Proyecto Orbiter, basado en elementos militares ya disponibles y que podría colocar en órbita aproximadamente 1 kilogramo. Su lanzamiento podría enmarcarse en el llamado Año Geofísico Internacional (IGY), un proyecto científico mundial que perseguía el estudio geofísico de la Tierra durante unos dos años.
Sin embargo, temiendo la reacción de la U.R.S.S. ante el sobrevuelo de su territorio por parte de un ingenio norteamericano, y del resto del mundo por el uso de cohetes de origen militar, el presidente Eisenhower no autorizó el Proyecto Orbiter y en su lugar instauró otro totalmente nuevo y civil llamado Vanguard. Sin saberlo, estaba también impidiendo que su país se convirtiera en la primera nación que colocara un satélite en el espacio.
Con el anuncio oficial el 29 de julio de 1955 de que los EE.UU. participarían en el IGY con el programa Vanguard, Korolev supo que debía darse prisa. Haciendo ver a sus superiores que lanzar un satélite convertiría a la nación soviética en la más avanzada del planeta, consiguió su aprobación el 30 de enero de 1956.
El programa, desarrollado en secreto, contemplaba el diseño de un sofisticado satélite llamado Object-D, un vehículo que aprovechaba toda la capacidad de carga del misil R-7 (más de una tonelada). Tal vehículo estaría equipado con numerosos instrumentos científicos, y se habló incluso de embarcar a bordo a un perro.
Con el IGY a la vuelta de la esquina, los dos países más poderosos de la Tierra se habían enzarzado en una carrera no declarada cuyos resultados podrían determinar cuál de ellos iba a serlo aún más.
<< anteriorPágina 2/2