
El desarrollo y financiación de Galileo quedaría en manos de la Agencia Espacial Europea y de la Unión Europea. Su uso sería tanto civil como militar, sin limitaciones, excepto en casos de extrema gravedad. Aprobado en 2003, a pesar de las presiones de Estados Unidos, y después ratificado en 2007, significará la independencia europea en este ámbito. Según las estimaciones iniciales, su constelación dispondría de una treintena de satélites que debían estar listos en 2010. Sin embargo, el programa experimentó rápidamente importantes retrasos y un aumento de la factura final que pusieron en peligro su continuidad. El objetivo era que las empresas participantes financiasen parcialmente el proyecto, compensadas por la existencia de una frecuencia comercial de mayor precisión a la que sería posible suscribirse. Las perspectivas de comercialización, no obstante, no estaban claras y la financiación se complicó. Fondos adicionales han permitido la continuidad del programa, que podría estar operativo a partir de 2013.

Para ensayar la tecnología, y para garantizar la reserva de las frecuencias necesarias, se lanzó en 2005 un primer satélite prototipo (Giove-A), y una versión más avanzada (Giove-B) en 2008.
Mientras tanto, otros países han decidido contribuir al proyecto, como China, Israel, Ucrania, Marruecos, Corea del Sur, etc. También se llegó a un acuerdo con Estados Unidos para coordinar los respectivos sistemas, impidiendo así cualquier interferencia entre ellos.
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