Cada vez son más los vehículos que utilizan un receptor GPS. La flota de transporte terrestre, o los taxistas, tienen en él una herramienta fundamental. Los barcos en alta mar, por su parte, pueden conocer mejor su posición en cualquier circunstancia meteorológica. Los aviones han utilizado el GPS durante años, para vigilar sus rutas, pero ahora estamos ante un período de transición que permitirá muy pronto que estos aparatos puedan permitir incluso aterrizar totalmente a ciegas.
El deporte ha abrazado el GPS sin reparos. Un rallye por el desierto africano sería mucho más peligroso si los pilotos no supieran dónde están. El GPS impide que se pierdan. Estamos acostumbrados asimismo a seguir una vuelta ciclista como el Tour de Francia, sabiendo en cada momento la distancia y el tiempo que existe entre los grupos de la carrera. Las motocicletas y coches que acompañan a los corredores llevan un GPS que permite realizar estos cálculos.
Los científicos utilizan el sistema GPS en muy variadas aplicaciones. Por ejemplo, los arqueólogos pueden ahora marcar un yacimiento en el que estén trabajando. Si es necesario, pueden sepultarlo una vez terminada la temporada, para evitar expolios, y regresar al año siguiente al lugar con la mayor de las exactitudes.
Los zoólogos, por su parte, utilizan la técnica para controlar cómo se mueven los animales salvajes. Los geólogos, en cambio, lo emplearán para medir el desplazamiento de zonas de terreno a lo largo de mucho tiempo (incluidas fallas tectónicas).
Además, los cartógrafos pueden levantar mapas mucho mejores ya que cada punto en ellos puede estar definido con gran precisión. Nunca ha sido tan sencillo trazar una carretera o una vía ferroviaria.
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