
La aplicación más popular del sistema GPS la encontramos a bordo de nuestro automóvil. No es necesario ya adquirir un vehículo de alta gama para disfrutar de este servicio. Muchos coches disponen de él, o pueden ser preparados para llevarlo. La utilidad del accesorio es clara: un receptor GPS recibe las señales libres y puede así calcular nuestra posición. Utilizando esta información en el marco de un programa informático que gestiona una serie de mapas electrónicos, tendremos de inmediato un guía perfecto. Dicho guía (a menudo en voz alta) nos indicará qué camino debemos seguir para llegar a un determinado destino, o nos proporcionará rutas alternativas en caso de que no queramos pagar el peaje de una autopista o hallemos un embotellamiento.

La tecnología de los receptores, gracias a su expansión, ha mejorado mucho, aumentando sus capacidades y disminuyendo su precio. No sólo podremos disponer de ellos en vehículos, también los hay para teléfonos móviles, ordenadores o relojes, por ejemplo. Eso ha posibilitado que las aplicaciones del sistema GPS se hayan multiplicado.
A diferencia de lo que ocurría en el pasado, un receptor moderno no sólo puede captar las señales de un sistema, sino de varios, como ya se ha dicho, y también es capaz de recibir simultáneamente gran cantidad de satélites (hasta 20 ó más). Pueden efectuar correcciones y aumentar la precisión en la determinación de la posición del usuario.
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