Los primeros experimentos con satélites equipados con relojes ultraprecisos se iniciaron en 1967 y se llamaron Timation. Con el paso del tiempo, la tecnología maduró y se desarrollaron emisores y receptores apropiados.
Los primeros satélites GPS (Navstar) empezaron a ser lanzados en 1978, de forma aún experimental. El objetivo sería colocar en órbita toda una constelación de vehículos, distribuidos de tal manera que permitieran una cobertura constante del globo terráqueo.
Serían necesarios al menos 24, repartidos en seis planos orbitales (4 por cada plano), para que siempre existieran tres o más de ellos sobre el horizonte local del usuario. Sin embargo, la constelación GPS ha estado formada en ocasiones por hasta 32 satélites, lo que ha aumentado la precisión o ha permitido que algunos de ellos actúen como vehículos de reserva.
Sus órbitas son intermedias (unos 20.000 Km de altitud).
Un receptor fijo en tierra (o sobre un vehículo), recibe las señales de la constelación y, al integrarlas, consigue la información que necesita: su posición en coordenadas de longitud, latitud y altitud, su velocidad si se mueve, y el horario local.
Tales parámetros son inmensamente útiles. Un soldado en tierra extraña puede saber en cualquier momento dónde se halla y qué camino debe recorrer para llegar al lugar de extracción.
Un misil, que suele tener guardada su ruta trazada hacia el objetivo, puede compararla en tiempo real con su posición cambiante durante el vuelo, asegurando su precisión en el impacto.
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