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La Tierra

También Israel puso su granito de arena en este campo cada vez más concurrido. Su serie Eros aprovecha la tecnología del programa militar Ofeq para tareas comerciales. La Agencia Espacial Europea lanzó su satélite de demostración Proba en 2001, cuya tecnología podrá usarse para ingenios aún más sofisticados. Voló asimismo el sucesor del Topex-Poseidon, el Jason-1, y el Badr-B, de Pakistán, entre otros microsatélites.

En 2002, la Agencia Espacial Europea volvía a entrar por la puerta grande con su Envisat, uno de los satélites más completos dedicados a la teledetección. En su órbita polar, está efectuando mediciones de la atmósfera, la tierra, los mares y la cubierta de hielo, una especie de navaja suiza o de todo en uno.

El satélite Landsat-1 El mismo año se lanzó el AlSat-1, propiedad de Argelia y primero de una constelación multinacional dedicada a la vigilancia y prevención de los desastres naturales (DMC). España contribuirá a esta constelación con el futuro Deimos-1.

Taiwán lanzó en 2004 su Rocsat-2, y la propia China, sus Tansuo, con nueva tecnología digital de uso tanto civil como militar. El CNES francés siguió su cruzada medioambiental con el Parasol, que estudia las nubes y los aerosoles.

Durante los últimos años, el número de misiones no ha hecho sino incrementarse, ante la concienciación de los gobiernos por el creciente deterioro del medio ambiente. Destaca el Monitor-E, un satélite ruso (2005), el ALOS japonés (2006), los Yaogan chinos (desde 2006), el dúo americano Cloudsat / Calipso (2006, con colaboración francesa) para estudiar las nubes, la constelación italiana COSMO-Skymed (2007) para vigilar en especial el Mediterráneo, o el alemán Terrasar-X (2007), equipado con un radar.

Tampoco podemos olvidar las observaciones que han hecho y siguen haciendo los transbordadores espaciales, en ocasiones con instrumentos tan importantes como los SIR. La participación de astronautas ha otorgado un plus de flexibilidad a los programas previstos, si bien la corta duración de estas misiones ha hecho que las agencias prefieran vehículos automáticos. Las estaciones espaciales Skylab, Salyut y Mir, en cambio, permitieron prolongar las observaciones para ciertas zonas de la Tierra.

El futuro no es menos emocionante, puesto que existen muchos satélites en desarrollo o pendientes de ser lanzados. Algunas series continúan (Jason, Orbview), otros países se incorporan al abanico de vehículos disponibles (como el THEOS tailandés, la constelación comercial Rapideye, el Aquarius argentino), y volarán nuevas máquinas de patrocinadores ya conocidos (como el GOCE y el SMOS de la ESA, o los Sentinel de la propia agencia europea).

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