La actividad biológica en la superficie terrestre es en muchos casos visible desde la órbita. Los satélites pueden medir la capa de vegetación y valorar si los bosques están sanos o no, si están en retroceso y debido a qué razones (enfermedades, tala...). El suelo es el lugar en el que viven muchos seres vivos, así que es importante comprobar qué cambios se producen en él y si los ecosistemas corren peligro.
Los cultivos pueden ser controlados con la misma eficacia. En algunos casos, un satélite puede averiguar qué se ha plantado en una parcela, y si los agricultores pueden o no reclamar las ayudas que puedan existir. Si las cosechas enferman, es posible indicar en qué medida y las consecuencias que eso supondrá.

En las ciudades, el desarrollo sostenible puede ser guiado gracias a la información enviada por los satélites. Algunos nos envían imágenes nocturnas que ponen de manifiesto cuán efectivamente están iluminadas las grandes urbes. O mapas para una planificación urbana más adecuada. En las imágenes con colores falsos, no es difícil distinguir el asfalto de los parques y jardines, o los edificios de los bosques circundantes. Teniendo en cuenta que las ciudades son productoras esenciales de polución, los satélites tienen la capacidad de medir ésta y advertir a las autoridades cuando la situación se vuelva peligrosa para la salud de sus habitantes. Asimismo, pueden localizar vertidos ilegales de basura. Una aplicación en alza es ayudar al trazado de carreteras y vías ferroviarias, en función de la topografía.
Una de las especialidades de la teledetección, gracias a la espectroscopia, es la identificación química, lo que permite encontrar minerales y yacimientos naturales. Estos recursos pueden ser así explotados con menores inversiones en la fase de búsqueda. Los estudios geológicos del terreno facilitarán la localización de bolsas de petróleo con escasos sondeos.
Aunque todo parezca ir bien en tierra, los satélites pueden mirar hacia el futuro y predecir si los recursos agrícolas de una zona serán suficientes para prevenir hambrunas. O analizar fallas que puedan dar lugar a terremotos y sus lamentables consecuencias. En general, la actividad espacial resulta esencial para intervenir y prevenir posibles desastres naturales.
Tampoco podemos olvidar mencionar el uso de la teledetección para tareas aparentemente poco relacionadas, como la arqueología. El análisis de imágenes de detección remota ha permitido a los profesionales de esta ciencia encontrar caminos enterrados bajo las arenas del desierto, o templos desconocidos en las selvas amazónicas. Y todo ello sin moverse de casa.
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