En los últimos años, las resoluciones espaciales han aumentado mucho, y podemos encontrar en las fotografías detalles que antes no era posible discernir. Esto implica una mayor cantidad de información, y por tanto, una mayor demanda de los sistemas de transmisión de a bordo, y de análisis en tierra. De todos modos, la resolución espacial depende de varios factores, y no sólo de la potencia de la cámara. Un mismo instrumento puede ofrecernos menos o más resolución en función de la altitud de la órbita que siga el satélite. Cuanto más cerca de la Tierra, mejor será la resolución.
Al mismo tiempo, cada instrumento posee su propia anchura de campo, es decir, la franja de terreno que es capaz de fotografiar mientras se mueve por el espacio. Una mayor resolución puede implicar reducir la cantidad de superficie observada, de la misma manera que un telescopio de muchos aumentos ve áreas más reducidas que otro de menos. Para algunas aplicaciones es necesario tener una visión global, de modo que se puede dar mayor importancia a la cantidad de terreno cubierto que a la resolución. En la actualidad, ambos conceptos pueden coordinarse gracias a la confección de mosaicos, que unen diversas imágenes de alta resolución para crear el gran mapa que necesitemos.
Ahora que ya sabemos que los satélites de teledetección transportan instrumentos sensores sofisticados, podemos preguntarnos cuál es la posición idónea de estos vehículos. La órbita en la que deberán evolucionar dependerá mucho de los objetivos a cumplir. Como hemos dicho, la altitud influirá en la resolución de los detectores, pero la trayectoria también puede definir otras cuestiones como la frecuencia de paso sobre un punto o el grado de iluminación de los objetivos.
La órbita más utilizada por las misiones de teledetección científicas es la llamada heliosincrónica, es decir, una órbita sincronizada con el Sol. Suele ser circular, a unos 800 km de altitud, y con una inclinación que permite sobrevolar los polos, para que toda la superficie quede al alcance del satélite a medida que el planeta gira. Además, el vehículo pasa sobre un objetivo determinado siempre a las mismas horas, de manera que sea más fácil interpretar los resultados: no nos interesa que el Sol, cuya luz arroja sombras distintas para cada momento del día, nos muestre una imagen diferente de una región cada vez que la observemos.
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