Naturalmente, el entorno visto bajo longitudes de onda distintas a las del espectro visible puede desorientar al profano. Las cosas se ven diferentes. Pero los investigadores saben interpretar dicha información para explotarla convenientemente, y extraen datos que pueden usarse en multitud de campos.
Los satélites de detección, en definitiva, están equipados con baterías de instrumentos sensibles a varias zonas del espectro. Estos instrumentos pueden ser activos (emitiendo radiación cuyo eco o reflexión será después analizado), o pasivos (recibiendo exclusivamente la radiación reflejada por la superficie terrestre). La información que manejan suele digitalizarse para ser enviada a la Tierra, donde es transformada en imágenes o sencillamente analizada por los expertos. Si un objetivo se ha observado en varias longitudes de onda (análisis multiespectral), se obtienen consecuentemente distintas imágenes que pueden a su vez ser superpuestas, o conseguirse composiciones llamadas "de colores falsos", llamadas así porque en realidad no existen como tales y sólo se utilizan para que nuestros ojos puedan apreciarlos.
El análisis de los datos y las imágenes procedentes del espacio es una tarea de no menor importancia. Imaginemos que la vegetación de la superficie terrestre refleja mucho la banda del infrarrojo cercano. Un mapa del suelo en esa longitud de onda nos ofrecerá diversos “brillos” (más o menos reflexión) que podrían ser interpretados como la cantidad de vegetación existente en la zona. Para mayor claridad, si otorgamos el color rojo al infrarrojo cercano (color falso), variadas tonalidades de rojo podrían indicarnos el estado de salud de la cubierta vegetal en una determinada región.
La función de los científicos es observar la Tierra desde variadas longitudes de onda (o canales), como si movieran el dial de una radio para buscar una emisora, y extraer toda la información que sea posible en función del resultado. Se pueden así estudiar los océanos y la actividad biológica que en ellos se desarrolla, buscar terrenos con minerales específicos, hacer seguimientos del avance de la deforestación o la desertización, calcular los daños de una sequía o inundación, etc.
Aunque los sensores de variados satélites pueden haber sido diseñados para detectar una misma franja del espectro electromagnético, no todos tienen que ser igual de potentes. La técnica avanza y, conforme pasa el tiempo, pueden obtenerse mejores resultados. En este sentido, un concepto importante es el de la resolución espacial, ya que ésta afecta al grado de detalle de la imagen proporcionada. Podríamos decir que estamos ante la capacidad del sensor de discernir a dos objetos. Una resolución baja podría mostrarnos a ambos como uno solo, mientras que una resolución adecuada sería capaz de separarlos y darles identidad propia. En otras palabras, una resolución de 30 metros siempre nos dará más detalle que una resolución de 150 metros.
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